lunes 14 de septiembre de 2026

SALUD

El estrés en el embarazo: cuando el cuerpo pide cuidado

En esta oportunidad, la Tec. Puericultora y Doula Lali Zurzolo escribe sobre el estrés durante el embarazo.
13/02/2026

El embarazo es una etapa de transformación profunda. El cuerpo gestante se reorganiza para nutrir y vincularse con una nueva vida. Pero también es un momento de alta sensibilidad emocional, donde el entorno, los vínculos y las condiciones de vida pueden impactar directamente en el bienestar de quien gesta… y de quien está por nacer.

Entre los múltiples factores que afectan esta etapa, el estrés crónico es uno de los más silenciosos y peligrosos. No hablamos de una preocupación pasajera, sino de un estado sostenido de alerta que activa el eje hipotálamo-hipófisis-adrenal y eleva los niveles de cortisol, la hormona del estrés. Y cuando el cortisol se instala, el cuerpo deja de priorizar el vínculo y empieza a defenderse.

¿Qué hace el cortisol en el cuerpo gestante?

El cortisol es una hormona necesaria en pequeñas dosis: ayuda a regular el metabolismo, la presión arterial y la respuesta inflamatoria. Pero en exceso, puede alterar el equilibrio neuroendocrino del embarazo. Estudios recientes muestran que niveles elevados de cortisol pueden:

  • Aumentar el riesgo de parto prematuro.
  • Interferir en la producción de oxitocina y prolactina, afectando el vínculo y la lactancia.
  • Alterar la vascularización placentaria, dificultando el transporte de nutrientes al feto.
  • Generar síntomas de ansiedad, insomnio y disociación corporal en la gestante.

Además, el estrés sostenido puede amplificar los cambios hormonales y físicos propios del embarazo, sumando preocupaciones económicas, miedo al parto, tensiones familiares o historias de trauma que reemergen en este momento de apertura emocional.

¿Y qué pasa con el bebé?

El estrés materno no se queda en el cuerpo de quien gesta. A través de la placenta, el cortisol puede atravesar la barrera placentaria y llegar al sistema nervioso del feto. Esto puede generar:

  • Cambios epigenéticos en genes relacionados con la regulación emocional y el sistema inmune.
  • Alteraciones en el desarrollo del eje del estrés del bebé, predisponiéndolo a mayor reactividad emocional en la infancia.
  • Mayor riesgo de trastornos del neurodesarrollo, como ansiedad, déficit de atención o dificultades en el vínculo.

La placenta, que suele actuar como filtro, puede verse sobrepasada por niveles altos de cortisol, dejando marcas que no siempre se ven al nacer, pero que pueden emerger en la crianza.

Cuidar el entorno, cuidar el vínculo

El cuerpo gestante necesita sostén, descanso, seguridad y afecto. No basta con controles médicos: hace falta una red que aloje, escuche y acompañe. Porque el estrés no se combate con voluntad, sino con condiciones de vida dignas, vínculos saludables y políticas públicas que reconozcan el valor de la gestación.

Algunas estrategias efectivas para reducir el estrés incluyen:

  • Apoyo emocional de la pareja, familia y comunidad.
  • Ejercicio físico adaptado: esferodinamia, yoga, caminatas, natación.
  • Técnicas de relajación: respiración, meditación, visualización.
  • Grupos de apoyo entre gestantes.
  • Terapias complementarias: masaje, acupuntura, aromaterapia.
  • Educación perinatal y preparación para el parto.
  • Intervención psicológica perinatal

Confiar en el cuerpo, confiar en el acompañamiento

Confiar en la fisioanatomía implica también reconocer sus límites. El cuerpo sabe gestar, pero necesita que lo cuiden. Y cuidar el embarazo es cuidar el futuro. Si estás transitando esta etapa y sentís que el estrés, conversarlo con tu equipo de salud.

Temas de esta nota