domingo 20 de septiembre de 2026

SALUD

Microquimerismo: la huella celular del embarazo

En esta oportunidad, la Tec. Puericultora y Doula Lali Zurzolo escribe microquimerismo: sobre una conexión que trasciende el parto
24/04/2026

Durante siglos se pensó que el embarazo terminaba con el nacimiento. Sin embargo, desde 1960 la ciencia comenzó a observar células “extrañas” en la sangre materna, aunque sin poder identificarlas con precisión. Fue recién en los años 90, con el desarrollo de la biología molecular y la técnica de PCR, cuando se confirmó que esas células provenían del feto. Este hallazgo permitió demostrar que podían persistir en el cuerpo de la madre durante décadas, abriendo un campo de investigación que hoy se considera clave para comprender la maternidad.

En los últimos cinco años, los avances han sido aún más sorprendentes. Se ha demostrado que el vínculo entre madre e hijo es mucho más profundo de lo que imaginábamos: células del bebé cruzan la placenta y se instalan en órganos de la madre, permaneciendo allí como una huella biológica invisible que transforma su organismo. Este fenómeno, conocido como microquimerismo

Lo que revelan las investigaciones recientes

En los últimos años, la ciencia ha ido estudiado con más detalles sobre el microquimerismo, fenómeno en el que las células del bebé atraviesan la placenta y se instalan en el cuerpo de la madre. Entre 2021 y 2023 se consolidó la idea de que este transito celular no es unidireccional: no solo el bebé deja células en la madre, también la madre transmite células al hijo. Se trata de un verdadero “puente biológico” que se extiende más allá del parto y que puede durar toda la vida.

En 2024, nuevas investigaciones ampliaron el horizonte. Se descubrió que el microquimerismo no se limita al embarazo, sino que también se manifiesta en la lactancia. Estudios recientes mostraron que células maternas presentes en la leche pueden integrarse al organismo del bebé, prolongando la conexión celular más allá de la gestación y reforzando la idea de que la maternidad deja huellas invisibles pero duraderas.

El año 2025 trajo una revisión integral publicada en la revista Ocronos, donde se detallaron los distintos tipos de microquimerismo y sus implicaciones en campos tan diversos como la inmunología, las enfermedades autoinmunes, la oncología y la regeneración tisular. Este trabajo destacó además los avances en las técnicas de detección, cada vez más precisas, que permiten identificar con mayor claridad la presencia y el papel de estas células en el organismo materno.

Finalmente, en 2026, las investigaciones actuales están explorando el rol del microquimerismo en enfermedades complejas como la esclerosis múltiple, la tiroiditis autoinmune y ciertos tipos de cáncer. Al mismo tiempo, se estudia su potencial en la reparación de tejidos dañados, como el corazón o el hígado, lo que abre la posibilidad de que estas células actúen como aliadas en la salud materna.

El dilema

El microquimerismo plantea un dilema fascinante. Por un lado, las células fetales parecen actuar como pequeñas guardianas, participando en la reparación de órganos y fortaleciendo la inmunidad. Por otro, algunos estudios sugieren que podrían estar implicadas en trastornos autoinmunes, donde el cuerpo se confunde y ataca sus propios tejidos.

Para las embarazadas, este hallazgo es una invitación a reflexionar: el embarazo no solo cambia el cuerpo en lo visible, también deja una huella celular invisible que puede acompañarlas toda la vida.

Una nueva mirada sobre la maternidad

La ciencia aún no tiene todas las respuestas, pero sí una certeza: el embarazo redefine la relación entre madre e hijo. No se trata únicamente de emociones o recuerdos, sino de una conexión biológica tangible que persiste en cada célula.

El microquimerismo nos obliga a repensar la maternidad como un proceso que trasciende lo visible. La madre lleva consigo una parte del hijo, y el hijo conserva células de la madre. Es un intercambio que convierte al embarazo en una experiencia de transformación permanente.

El embarazo deja una huella celular que desafía nuestra comprensión tradicional de la maternidad. Las investigaciones de los últimos cinco años muestran que esta conexión puede ser fuente de salud. Lo cierto es que abre un horizonte nuevo: entender que la maternidad no solo cambia el corazón, sino también la biología.

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