lunes 21 de septiembre de 2026

COLUMNA

El llanto de los bebés: una llamada que merece respuesta

En esta oportunidad, la Puericultora & Doula Lali Zurzolo escribe sobre el llanto de los bebés, qué puede significar y cómo responder ante él.
17/04/2026

El llanto no es un capricho ni un intento de manipulación: es el único lenguaje que posee un bebé para comunicar necesidades vitales como hambre, frío, miedo o la simple necesidad de contacto. Ignorar ese llamado bajo la idea de que “se acostumbre” o para que “no nos tome el tiempo” desconoce que el cerebro infantil es biológicamente inmaduro y carece de las conexiones neuronales necesarias para realizar operaciones complejas como mentir o manipular.

Neurociencia del llanto

Cuando un bebé llora desconsoladamente y no recibe consuelo, su cerebro se inunda de cortisol, la hormona del estrés. Si esta exposición es constante, puede derivar en estrés tóxico, capaz de inhibir la hormona del crecimiento y alterar el desarrollo integral de las funciones cerebrales. Durante los primeros tres años de vida se producen hasta mil nuevas conexiones neuronales por segundo; la falta de cuidados sensibles afecta negativamente este crecimiento, dejando huellas indelebles en la organización cerebral.

Investigaciones en Frontiers in Neuroscience han mostrado que los niveles elevados de cortisol dañan estructuras clave como el hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje. Además, el estrés crónico debilita el sistema inmunológico, aumentando la vulnerabilidad del bebé frente a enfermedades.

Psicología del consuelo

El método de “dejar llorar” no enseña al bebé a calmarse, sino que lo conduce a un estado de indefensión aprendida. El silencio no es señal de autorregulación, sino de resignación: el bebé comprende que nadie acudirá a su llamado. Este aprendizaje erosiona la autoestima y socava el vínculo de confianza hacia sus cuidadores.

Estudios longitudinales, como el Minnesota Longitudinal Study of Risk and Adaptation, muestran que los niños cuyo llanto fue atendido de manera consistente desarrollan mejores habilidades sociales y menor incidencia de ansiedad y depresión en la adultez. Por el contrario, quienes fueron sometidos a prácticas de “entrenamiento del sueño” presentan mayores dificultades en la regulación emocional.

El sueño infantil como proceso evolutivo

Despertarse varias veces durante la noche es parte del desarrollo normal del cerebro del bebé. La Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF señalan que el sueño infantil es un proceso fisiológico que debe ser acompañado, no acelerado artificialmente con técnicas que impliquen dejar llorar. Estos despertares cumplen funciones vitales: garantizar la alimentación, verificar la presencia de los cuidadores y mantener activo el cerebro, protegiéndolo de riesgos como la muerte súbita del lactante.

Acompañar con empatía

Entiendo que la falta de descanso puede ser abrumadora para las familias. Sin embargo, responder con ternura al llanto no es “malcriar”, sino ofrecer un factor de protección esencial. El contacto piel con piel y la disponibilidad del adulto actúan como reguladores que estabilizan el ritmo cardíaco y organizan los ritmos basales del niño.

La oxitocina, la llamada “hormona del amor”, liberada en la madre durante el contacto y la lactancia, refuerza la conexión y ayuda a sobrellevar el cansancio. Si las dificultades para dormir persisten, es importante buscar apoyo profesional: pediatras y puericultoras especializadas pueden brindar herramientas prácticas para aliviar el estrés familiar.

El llanto de los bebés no es un simple ruido que interrumpe nuestras noches, sino una señal vital que merece respuesta. Desatenderlo es una forma de violencia invisible que prioriza la comodidad del adulto sobre las necesidades biológicas del niño. Validar las emociones y ofrecer consuelo garantiza un desarrollo neurológico saludable y sienta las bases de una salud mental sólida.

Criar con respeto implica entender que un bebé nos necesita tanto de día como de noche, y que nuestra presencia es el mejor alimento para su cerebro en formación.

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