lunes 21 de septiembre de 2026

SALUD

Succión no nutritiva y el uso del chupete: entre la calma y la controversia

En esta oportunidad, la Tec. Puericultora y Doula Lali Zurzolo escribe sobre el chupete y su uso.
06/03/2026

La imagen de un bebé con chupete es casi universal. Forma parte del “bolso de bebé”, se compra antes del nacimiento y se ofrece como recurso inmediato para calmar el llanto. Sin embargo, detrás de este objeto se esconde un debate complejo que atraviesa la historia, la psicología, la odontología y la pediatría: ¿qué lugar ocupa la succión no nutritiva en la crianza y qué implicancias tiene el uso del chupete?

Un reflejo innato

La succión es un reflejo adaptativo presente desde la vida intrauterina: los bebés se chupan el dedo en el la panza de sus mamás, como ensayo de supervivencia. Al nacer, este reflejo asegura la alimentación y, al mismo tiempo, brinda placer y calma. La lactancia humana, ofrecida a libre demanda, responde a ambas necesidades: nutrición y consuelo. Cuando la lactancia se interrumpe o se sustituye por mamaderas, el instinto de succión persiste y busca otros caminos, como el chupete.

La succión no nutritiva a la teta ocurre cuando el bebé se prende sin intención de alimentarse, buscando consuelo, regulación y vínculo. Aunque no siempre extrae leche, cumple funciones esenciales: calma al bebé, estabiliza su respiración y frecuencia cardíaca, favorece la maduración neurológica y fortalece el apego. Además, al mantener el contacto y la estimulación frecuente, contribuye a sostener la producción de leche y prolongar la lactancia.

Desde el punto de vista del desarrollo físico, esta succión también es clave: favorece la correcta formación de los arcos dentales y el crecimiento equilibrado de la musculatura maxilofacial. El movimiento coordinado de lengua, labios y mandíbula fortalece la musculatura orofacial, previene alteraciones en la mordida y prepara los órganos fonoarticulatorios para el habla.

Los argumentos a favor

Los defensores del chupete señalan beneficios concretos: calma al bebé en momentos de ansiedad, ayuda a coordinar la succión en prematuros, puede reducir el dolor en procedimientos médicos. Desde la psicología, se reconoce que la succión no nutritiva puede ser un recurso para aliviar tensiones, favorecer el sueño y brindar seguridad emocional.

En contextos hospitalarios, el chupete ha demostrado utilidad para mejorar la tolerancia a procedimientos dolorosos y para estimular la transición hacia la alimentación oral en bebés prematuros. En estos casos, se convierte en una herramienta terapéutica más que en un hábito cotidiano.

Los riesgos y las controversias

Pero los detractores advierten riesgos que no pueden minimizarse. El chupete puede interferir en el establecimiento de la lactancia, retrasar tomas y favorecer el destete precoz. Su uso prolongado se asocia a problemas dentales como mordida abierta o cruzada, alteraciones en la postura de la lengua y dificultades en el desarrollo del habla. También se ha vinculado con mayor incidencia de otitis y caries.

La literatura científica es clara: los efectos nocivos dependen de la frecuencia, duración e intensidad del hábito. No es lo mismo un uso ocasional y limitado que un uso constante y prolongado hasta los cuatro o cinco años. La edad de abandono es un factor crítico: cuanto más tarde se retira, mayores son las repercusiones en la dentición y en la musculatura orofacial.

Una mirada histórica y cultural

El chupete no es un invento moderno. Sus precursores se remontan al neolítico, cuando se ofrecían bolas de tela con miel o alimentos para calmar a los bebés. En la Edad Media, se utilizaban objetos impregnados en sustancias dulces o incluso alcohólicas para tranquilizar a los recién nacidos.

Hoy, su uso está profundamente arraigado en la cultura occidental, mientras que en sociedades donde la lactancia prolongada es la norma, el chupete es poco frecuente. Esto revela que su presencia no responde solo a necesidades biológicas, sino también a prácticas culturales y sociales.

El rol de los profesionales de la salud

El dilema, entonces, no es blanco o negro. El chupete puede ser un aliado en situaciones puntuales, pero su uso indiscriminado acarrea consecuencias. La clave está en la información y en el acompañamiento profesional. Los padres necesitan conocer tanto los pros como los contras para tomar decisiones conscientes. No se trata de demonizar el objeto, sino de comprender que no es inocuo.

Los profesionales de la salud tienen la responsabilidad de ofrecer datos claros y actualizados, evitando respuestas simplistas. Decir “sí” o “no” al chupete sin matices no ayuda. Lo que se necesita es explicar cuándo puede ser útil, cuándo conviene evitarlo y cómo reducir sus riesgos.

Un símbolo de la tensión entre tradición y evidencia

Como sociedad, debemos abandonar la idea de que el chupete es un accesorio inevitable. La succión no nutritiva es parte del desarrollo, pero puede canalizarse de manera más saludable a través de la lactancia prolongada y el contacto físico. Cuando el chupete se utiliza, debe ser con criterio: limitado en tiempo, retirado antes de los dos años y acompañado de controles pediátricos y odontológicos.

En definitiva, el chupete es un símbolo de la tensión entre tradición y evidencia científica. Nos invita a reflexionar sobre cómo criamos, qué prácticas heredamos y qué decisiones tomamos frente a la necesidad de consuelo de nuestros hijos. La pregunta no es si usarlo o no, sino cómo, cuándo y por qué. Y sobre todo, recordar que el verdadero pacificador no es un objeto, sino el vínculo humano que calma, sostiene y nutre.

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