2026-01-02

SALUD

Los pañales no se sacan: se dejan cuando el cuerpo está listo

En esta oportunidad, la Puericultora y Doula Lali Zurzolo habla sobre el proceso de dejar los pañales.

En el mundo adulto, todo parece tener fecha de vencimiento. “Ya está grande”, “Aprovechá el verano”, “Sacale el pañal”. Frases que se repiten como mandatos, que apuran procesos, que no escuchan a los tiempos de los niños. Pero el cuerpo infantil no responde a agendas externas, responde a su propio ritmo, a su maduración, a su deseo.

Adi Nativ, en su libro No tan terribles, lo dice con claridad: “Los pañales no se sacan, se dejan. No es una decisión adulta, es una conquista infantil.” Y esa diferencia no es menor. Porque no se trata de un acto técnico, sino de un proceso fisiológico, emocional y vincular. No es una meta que se alcanza por mandato, sino una vivencia que se manifiesta desde adentro.

Como puericultora, he acompañado muchas familias en este momento y, en todas, lo que más aparece no es la falta de capacidad del niño o la niña, sino la ansiedad del entorno. La mirada social que apura, que compara, que exige. El jardín que condiciona. La abuela que opina. Y en el medio, un cuerpo pequeño que necesita tiempo, juego, intimidad y seguridad.

La evidencia científica nos dice que el control de esfínteres depende de la maduración del sistema nervioso, de la coordinación motora, de la capacidad de anticipar y comunicar. Carlos González lo explica con ternura y precisión: “La madurez del sistema nervioso y la coordinación motora son clave para el control de esfínteres. No se puede enseñar antes de que el cuerpo esté listo.”

¿Y el verano? Claro que puede ser una oportunidad, pero no debe ser una imposición, porque el calor también trae riesgos: quemaduras solares, picaduras, infecciones, incomodidad. Y porque el cuerpo no responde al clima, responde a su propio ritmo.

Las señales que nos invitan a pensar que el momento se acerca son claras:

  • Pañales más secos durante el día
  • Hábitos regulares de defecación
  • Curiosidad por el baño
  • Gestos de anticipación
  • Incomodidad con el pañal
  • Deseo de autonomía

Pero ninguna de ellas debe ser forzada, porque cuando apuramos, aparecen los escapes, la frustración, la regresión. Y lo que podría ser una conquista amorosa, se vuelve una batalla.

Rosa Jové, psicóloga y referente en crianza respetuosa, nos recuerda:
“Se puede educar sin castigar; la palabra y la reflexión son buenos modelos.”
 Y eso también aplica al control de esfínteres. No hay premios ni castigos que valgan más que la confianza. No hay método más eficaz que el respeto.

Entonces, ¿cómo acompañar este proceso?

  • Observando sin apurar
  • Nombrando sin exigir
  • Ofreciendo sin imponer
  • Sosteniendo sin juzgar

Y sobre todo, recordando que el control de esfínteres no es solo una cuestión de pis y caca. Es una puerta a la autonomía, al cuidado del cuerpo, a la intimidad. Es una oportunidad para sembrar confianza, respeto y amor propio.

Los pañales no se sacan. Se dejan. Cuando el cuerpo está listo. Cuando el entorno acompaña. Cuando el deseo aparece. Y cuando el adulto deja de mirar el calendario y empieza a mirar al niño.

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