SALUD
Lactancia y discapacidad: cuerpos que nutren, derechos que se habilitan
Cuando hablamos de lactancia, muchas veces imaginamos un cuerpo hegemónico, sin dolor, sin barreras, sin interrupciones. Pero,¿qué pasa cuando ese cuerpo que amamanta o que desea amamantar convive con una discapacidad? ¿Qué pasa cuando la discapacidad no está en el cuerpo, sino en el entorno que no aloja, no adapta, no escucha?
La lactancia en contextos de discapacidad existe. Y sin embargo, sigue siendo invisibilizada. No porque no suceda, sino porque no se nombra, no se representa, no se acompaña. Y lo que no se nombra, muchas veces se niega.
Cuerpos diversos, lactancias posibles
Las personas con discapacidad pueden y desean amamantar. Algunas lo hacen con una sola mano, otras desde una silla de ruedas, otras con apoyos visuales o auditivos, otras con acompañamiento permanente. Algunas necesitan adaptar posiciones, tiempos, ritmos. Otras requieren asistencia para sostener al bebé, para prenderlo al pecho, para manejar el dolor o la fatiga.
Pero todas tienen algo en común: el deseo de maternar desde su cuerpo, desde su historia, desde su posibilidad. Y ese deseo merece ser alojado, no condicionado.
Barreras que no están en el cuerpo
La discapacidad no es un límite en sí misma. Lo que limita es la falta de accesibilidad, de información, de acompañamiento. Lo que duele es el prejuicio, la infantilización, la mirada que duda de la capacidad de maternar.
Muchas veces, las personas con discapacidad se enfrentan a profesionales que no saben cómo acompañarlas, a instituciones que no contemplan sus necesidades, a entornos que no ofrecen apoyos adecuados. Y en ese escenario, la lactancia puede volverse un desafío mayor, no por el cuerpo, sino por la falta de red.
Lactancia y neurodivergencias
También es importante hablar de las personas neurodivergentes que amamantan: mujeres autistas, con TDAH, con trastornos del procesamiento sensorial. Para muchas de ellas, la lactancia puede generar sobrecarga, hipersensibilidad, agitación. Pero también puede ser una fuente de conexión, de regulación, de vínculo profundo.
Acompañar estas experiencias implica escuchar sin juzgar, ofrecer información clara, validar lo que se siente, adaptar las estrategias. Porque no hay una única forma de amamantar. Hay tantas como cuerpos, como historias, como maternidades.
Lactancia como derecho, no como exigencia
Hablar de lactancia y discapacidad es hablar de derechos. Del derecho a recibir información accesible. Del derecho a contar con apoyos adecuados. Del derecho a decidir cómo, cuándo y si se desea amamantar. Del derecho a ser mirada como madre, no como excepción.
Como puericultora y doula, me comprometo a alojar estas experiencias con respeto, con escucha, con ternura. A construir espacios donde todas las maternidades sean posibles. A recordar que la lactancia no es un privilegio de algunas, sino un derecho que debe ser garantizado para todas. Porque los cuerpos que amamantan no son todos iguales, pero todos merecen ser sostenidos. Porque la leche no solo alimenta: también reivindica, transforma y abraza.