COLUMNA
La piel que cuida: tacto, cuerpo y lactancia desde el comienzo
“La piel es el órgano más extenso del cuerpo humano y el primero en desarrollarse”. Así comienza Ashley Montagu en su obra El tacto: la importancia de la piel en las relaciones humanas, una lectura que sigue iluminando nuestras prácticas de cuidado desde el inicio de la vida.
Como doula y puericultora, acompaño cuerpos que gestan, paren y amamantan. Y si hay algo que atraviesa cada etapa, es el tacto. Desde el embarazo, el cuerpo materno estimula, sostiene, comunica. El útero, con sus contracciones, realiza un masaje primitivo que prepara al bebé para nacer. Es un ritmo ancestral, una danza de contacto que organiza, despierta y conecta. Durante el parto, ese masaje uterino se intensifica. Las contracciones no solo abren camino, también estimulan la piel del bebé, su sistema nervioso, su percepción del mundo. Es el primer contacto, es clave.
Montagu lo expresa con claridad: “El tacto es la primera forma de comunicación, y sigue siendo la más profunda”. Y luego, en la lactancia, ese contacto se vuelve alimento. No solo por la leche que fluye, sino por el cuerpo que abraza, la mirada que acompaña, la piel que regula. Evidencia científica Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, el contacto piel con piel inmediato y sostenido favorece el inicio exitoso de la lactancia, regula la temperatura corporal y el ritmo cardíaco del recién nacido, y fortalece el vínculo madre-bebé.
Estas conclusiones fueron difundidas en el marco de la Semana Mundial de la Lactancia Materna 2025, reafirmando el valor del cuerpo como espacio de cuidado. Por su parte, la investigadora Elizabeth Moore y su equipo, en un metaanálisis publicado en Cochrane Database of Systematic Reviews en el año 2016, concluyeron que el contacto temprano entre madre y bebé mejora significativamente la duración de la lactancia exclusiva y reduce el llanto infantil. El cuerpo materno, entonces, no solo alimenta: también comunica, organiza y cuida.
Tacto y neurodesarrollo
El investigador Ruth Feldman, en su estudio publicado en Current Directions in Psychological Science en el año 2010, demostró que el contacto físico temprano activa la liberación de oxitocina, hormona clave en la regulación emocional, el apego y la construcción de vínculos seguros. Según sus hallazgos, el contacto piel con piel en los primeros días de vida favorece el desarrollo de circuitos neuronales vinculados al bienestar, la empatía y la autorregulación.
Además, investigaciones en neurobiología del desarrollo han confirmado que el tacto modula el sistema nervioso autónomo del bebé, ayudando a estabilizar su respiración, frecuencia cardíaca y niveles de cortisol. En otras palabras, el cuerpo que cuida regula. Y la lactancia, como práctica de contacto, es una herramienta poderosa de regulación. Hormonas que vinculan El tacto no solo comunica: también transforma.
Cada caricia, cada abrazo, cada toma activa una cascada hormonal que sostiene el vínculo y regula el cuerpo. La oxitocina, conocida como “la hormona del amor”, se libera intensamente durante el parto, el contacto piel con piel y la lactancia. Su acción favorece la calma, la empatía, la conexión emocional y la regulación del estrés. La investigadora sueca Kerstin Uvnäs Moberg, en su libro Oxitocina: la hormona de la calma, el vínculo y el amor, explica que esta sustancia no solo fortalece el apego entre madre e hijo, sino que también tiene efectos inmunológicos, digestivos y emocionales.
La oxitocina es, en palabras de Moberg, “una hormona que crea bienestar desde el cuerpo”. Por otro lado, durante el parto y el inicio de la lactancia, también se activan las catecolaminas (como ser, adrenalina, noradrenalina y dopamina) que preparan al cuerpo para el nacimiento, la alerta y la adaptación. En el bebé, estas hormonas favorecen la apertura sensorial, la búsqueda del pecho y el primer contacto visual. En la madre, permiten sostener el esfuerzo físico y emocional del nacimiento.
El equilibrio entre oxitocina y catecolaminas es clave: mientras unas movilizan, otras vinculan. Cuidar desde el cuerpo Recuperar el valor del tacto es recuperar el sentido del cuidado. Es reconocer que tocar es cuidar, y que en cada contracción, en cada abrazo, en cada toma, se conecta. Una conexión donde la piel escucha, el cuerpo habla y el vínculo se teje en silencio. Porque la piel también cuida. Y en el embarazo, el parto y la lactancia, el tacto es alimento, es sostén, es lenguaje.