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San Martín de los Andes: un destino sobre dos ruedas

El Mudo y Maxi son dos vecinos de la ciudad que como muchos otros aman y disfrutan, por sobre todas las cosas, de subirse a su bici y emprender diversas travesías hacia lugares que maravillarían los ojos de cualquiera que los presencie.

Te invitamos a conocer sus historias, donde el ocio y el trabajo se unen en una misma pasión.

 

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La historia de El Mudo y Maxi no difieren mucho de aquellas historias donde el deporte es el eje principal en su vida, sin embargo, el contexto natural donde se desarrolla nada tiene que ver con el resto de los lugares. San Martín de los Andes, su naturaleza, sus bosques, lagos y montañas, combinados con la adrenalina del mountain bike, empalman un escenario perfecto para aquellos que aman la actividad.

Ellos son dos amigos que comparten el mismo entusiasmo por la bici. Ese momento donde deciden emprender viaje y dejar atrás su rutina, responsabilidades y problemas, es único; y es así, como en cuestión de minutos todo se transforma.

“Este deporte sirve para esto, para encontrarse con amigos”, detalló El Mudo mientras recorría los senderos de la increíble Laguna Rosales, ubicada a 7 km de la ciudad por la ruta 62, camino que más adelante te lleva al reconocido Lago Lolog.

Allí, donde cada uno tiene su objetivo, pero a la vez todos tienen el mismo, disfrutar de la naturaleza en su máximo esplendor, El Mudo y Maxi junto a los aventureros con los que por casualidad (o por ahí no tanta) se cruzaron, aprovecharon para pedalear juntos y así compartir un rato de un día donde el clima, la temperatura y el paisaje acompañaron de manera perfecta.

Para ellos el tiempo de disfrute no terminaba ahí. Luego de varias horas de ir, venir, subir y bajar por los alrededores de la laguna, emprendieron la vuelta para comenzar su jornada laboral.

“Madison” es la bicicletería y restó que estos dos amantes del mountain bike comparten. Está ubicada en una de las avenidas principales de San Martín de los Andes, y es el espacio donde con mucho esfuerzo, dedicación y pasión, pasan sus tardes. Allí disponen de un taller donde arreglan y acomodan las bicis; además de compartir una rica bebida con todo aquel que los visite.

Sus días transcurren así, rodeados de bosques, montañas, senderos y muchas ganas de recorrerlos una y otra vez. “Lo que me dio San Martín de los Andes es poder pedalear por lugares únicos, éste es mi estilo de vida”, enfatizó Maxi, con el pecho repleto de orgullo por todo lo logrado y por lo mucho que le queda por lograr.