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La obsesión del Gobierno de alcanzar quorum propio en Diputados

Ganar en una polarizada Buenos Aires y crecer en provincias chicas como Tucumán, Chaco y Salta, es la apuesta de Alberto Fernández para alcanzar una mayoría propia en Diputados que no tuvo el año pasado y lo obligó a cajonear proyectos como su promocionada reforma judicial. 

El presidente no pudo imponer una agenda en la Cámara baja porque nunca consolidó como aliado fijo al interbloque federal, una extraña mixtura de lavagnistas, justicialistas sin jefe, socialistas santafesinos y cordobeses cercanos al gobernador Juan Schiaretti. Jamás se movieron en forma homogénea y lo obligaron a negociar ley por ley. 

Con 119 diputados propios, uno de ellos de licencia (el bonaerense José De Mendiguren, presidente del Banco de Inversión y Comercio Exterior), llegar a los 129 necesarios para el quórum fue una tarea titánica para los referentes del oficialismo. Contaban con la ayuda del bloque del mendocino José Luis Ramón, pero nunca fue suficiente: empezó con 8 miembros y terminó con 6, por las fugas de la tucumana Beatriz Ávila y el santacruceño Antonio Carambia.

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Colaboró en algunas ocasiones la neuquina Alma Sapag, del gobernante MPN, y recién en la última parte del año el riojano Felipe Álvarez, migrado de Cambiemos y con mandato hasta 2023, un voto que Sergio Massa y Máximo Kirchner no querrán perder. 

Sin resultados descollantes pero con victorias en distritos claves, la elección legislativa de este año podría permitirle al Gobierno llegar a una mayoría del recinto con los suyos porque se renuevan las bancas de 2017, por lejos la mejor performance de Cambiemos, cuando consiguió 61 de sus 115 diputados.

“Con una economía mejor que el año pasado, el plan de vacunación en marcha y Mauricio Macri sin resolver la interna que tiene en Buenos Aires puede alcanzar para ganar”, interpretan en el Frente de Todos, que arriesga 52 diputados procedentes de diferentes sellos peronistas: Unidad Ciudadana, PJ y el Frente Renovador de Sergio Massa, que aquel año obtuvo 4 bancas de bonaerenses, tres de ellas migradas luego al bloque de Máximo. 

Para acercarse a 129 y desarrollar una agenda legislativa sin riesgos, Massa y Máximo apuestan a sumar algunos diputados e incorporar al Frente de Todos a los aliados de partidos provinciales gobernantes como los 3 misioneros y Luis Di Giácomo, de Juntos Somos Río Negro, una fuerza nacida como tal en 2019 que podría ganar otra banca en octubre.

Buenos Aires renueva 35 diputados, 16 que responden al Gobierno, entre ellos el ausente De Mendiguren. Pero también deja su banca el ex PRO Pablo Ansaloni, un dirigente de UATRE que desde el año pasado funciona como aliado del oficialismo. Sin él, Cambiemos arriesga 14 de los 15 que obtuvo en 2017, en aquel triunfo de la lista liderada por Graciela Ocaña, con 42.15%.

En el Gobierno entienden que, además de ganar, necesitan una elección polarizada sin muchas terceras fuerzas capaces de llegar al piso de 3% puntos necesarios para acceder al reparto. Sólo imaginan accediendo a los liberales liderados por Javier Milei y José Luis Espert, cuyos votantes nunca acompañarían al oficialismo; pero no a la izquierda, que en 2017 ganó dos bancas con 5.3% puntos. Podría causarle problemas Roberto Lavagna si apadrina una boleta, como le piden sus allegados. 

Con el triunfo de Axel Kicillof en 2019 el Frente de Todos obtuvo 19 diputados en Buenos Aires, con 52% de los votos. Con llegar a 17 sería motivo de festejo para el Gobierno y para eso trabajan en una lista con representantes de todos los referentes del frente oficialista. 

Alberto aportaría un ministro (tallan Martín Guzmán y Gabriel Katopodis), Cristina y Máximo Kirchner alistan funcionarios cercanos (podría ser la jefa de Anses Fernanda Raverta) y Massa tendrá un lugar en los primeros casilleros y no descarta a su esposa, la actual titular de Aysa Malena Galmarini. 

En el Gobierno están preparados para elecciones muy difíciles en cuatro distritos: Ciudad de Buenos Aires, Mendoza, Córdoba y Entre Ríos, en los que aspiran al menos a retener las bancas obtenidas por las variantes peronistas en 2017, cuando Cambiemos ganó en todos ellos. 

En la Ciudad renuevan 3 oficialistas de 13 que se eligen; y Mendoza sólo 1 de los 5, pero también vence el mandato de Ramón, del Partido Intransigente, aliado del Gobierno en estos años. Si no fuera por su reelección el peronismo local, liderado por la senadora kirchnerista Anabel Fernández Sagasti, podría sumar un diputado más aún perdiendo y colocarlo bajo las órdenes de Máximo. Sería un aporte invisible, pero aporte al fin. 

En Córdoba sólo finaliza su ciclo un oficialista (Pablo Carro) y en Entre Ríos 2 de los 5 representantes de la Cámara baja que hay en juego. En el Gobierno aceptan que no será fácil vencer a una lista liderada por el ex ministro del Interior Rogelio Frigerio. 

El resto de las expectativas están concentradas en provincias chicas con gobernadores peronistas que en 2017 sufrieron el impacto de la fugaz ola amarilla. Un caso es Tucumán, que pone en juego 4 diputados y sólo 2 son del Frente de Todos; o Salta, con 1 de sus 3 que con fecha de salida en diciembre y carnet de oficialista. 

En Chaco, en 2017 el peronismo y Cambiemos se repartieron 2 diputados cada uno, pero esa vez Cristina presentó una lista y con 10 puntos le arruinó la elección al entonces gobernador Domingo Peppo. No volverá a hacer lo mismo, pero aún así cerca del ahora mandatario y líder Jorge Capitanich reconocen que no tendrán una elección fácil. 

Neuquén es otro bastión donde el oficialismo apuesta a repartir las 3 bancas con el MPN (en 2017 Cambiemos se quedó con 1) y Santa Cruz será un plato fuerte para el kirchnerismo, que se acostumbró a perder las legislativas y ganar las ejecutivas. También hay 3 bancas en juego y dos son de la oposición.

Santa Fe es otro acertijo difícil: el gobierno tiene otro trío de diputados sobre nueve que se dirimen en las urnas y para mejorar la cosecha necesita que como en 2019 se hunda Cambiemos y así se repartan el botín con el Frente Cívico y Social. No es un apuesta fácil. Y queda demasiado tiempo. 

Fuente: La Política Online