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El consumo de carne en Argentina es de 118,4 kilos por persona

Es la cifra más alta de la historia del país y deriva de la agrupación del consumo de proteína de origen animal. Este dato incluye la compra de cortes de cerdo, pollo, cordero y chivo, además de los cortes vacunos. La estadística ubica a Argentina liderando cómoda el ranking de los países consumidores de carne en América Latina.

País carnívoro

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Desde el Instituto de Promoción de la Carne Vacuna Argentina (IPCVA) señalaron que el consumo de carne de res cayó a 53 kilos por persona al año desde 2015. Sin embargo, en los últimos meses experimentó un repunte hasta alcanzar los 58 kilos per cápita. Se trata de un claro retroceso del consumo de carne vacuna, que para 1990 era de 78,2 kilos por persona.

 

Sin embargo, lo que se deja de consumir de carne vacuna (tal como ocurrió en los últimos dos años), suele trasladarse a otros tipos de cortes más accesibles por su oferta. A diferencia de la década del 90, en la que el consumo de otros cortes representaba sólo el 12,2% del total, en la actualidad la brecha entre la carne de res y el total del consumo es del 48,98%.

Cuestión de precios

Esto se explica en la mayor cantidad de oferta y en la apertura de exportaciones de los cortes vacunos, que desde 2006 y hasta principios de 2016 fueron cerradas para favorecer el mercado interno. Según los analistas, el consumo interno creció notablemente, aunque los mercados externos fueron cerrando sus puertas gradualmente por la falta de oferta.

En la actualidad, el precio de la carne vacuna para consumo interno se incrementó notablemente, ya que depende mucho del precio del dólar. La divisa norteamericana saltó de $ 9,36 a $ 14,10 entre septiembre de 2015 y enero de 2016, lo que se trasladó directamente al precio en el mostrador. Los consumidores de carne de res vieron un incremento de entre $ 20 y $ 40 en el término de cinco meses.

Campo para otros animales

Si algo caracteriza al argentino es su pasión por la carne, lo que explica el salto que se dio de la carne de res a otros cortes como el cerdo y pollo, que mantuvieron sus precios un poco más estables, gracias a la impresionante oferta a finales de 2015. Tanto es así que en la actualidad es muy sencillo conseguir asado y carnes calientes a través de delivery.

Queda claro que indistintamente del precio que se pague en la góndola, el argentino jamás dejará de consumir carne. Incluso en los peores momentos de la historia reciente (crisis de 2001-2005), el consumo de proteína animal se mantuvo relativamente estable, pese a las abruptas caídas del poder adquisitivo.