2026-11-02

EDITORIAL

De Keynes a Rolando Figueroa: ¿La riqueza de una provincia puede transformarse en trabajo y bienestar?

John Maynard Keynes defendía la intervención del Estado para sostener la actividad económica, generar empleo y evitar que las crisis dejaran a la sociedad librada exclusivamente a las decisiones del mercado. En Neuquén, Rolando Figueroa impulsa dos políticas que permiten encontrar puntos de contacto con ese pensamiento: invertir en infraestructura para generar trabajo en las localidades y redistribuir parte de los ingresos energéticos para reducir el costo de la electricidad de los hogares.

Por Leo Madeira.

Hay una eterna discusión económica que nunca pierde actualidad: ¿el crecimiento de una economía debe medirse exclusivamente por su capacidad de producir riqueza o también por la manera en que esa riqueza llega a la sociedad? La pregunta tiene más de ochenta años. John Maynard Keynes la abordó desde la teoría económica y cuestionó la idea de que el mercado, por sí solo, pudiera garantizar el pleno empleo y el equilibrio de la actividad.

El economista británico sostenía que, cuando el consumo y la inversión privada se retraen, el Estado debe intervenir para sostener la demanda, estimular la producción y evitar que la falta de actividad se convierta en desempleo. Su planteo no consistía en reemplazar al sector privado, sino en reconocer que la economía necesita una participación pública capaz de corregir desequilibrios y movilizar recursos.

En Neuquén aparecen dos decisiones de gobierno que permiten analizar esa concepción desde una realidad muy particular: una provincia que dispone de una enorme capacidad de generación de riqueza a partir de sus recursos energéticos, pero que enfrenta el desafío de convertir esa potencialidad en mejores condiciones de vida para sus habitantes.

El Plan Comunidad en Obra, presentado por Rolando Figueroa, contempla una inversión superior a los 53.000 millones de pesos y alcanza a 57 localidades y prevé incorporar a más de 500 trabajadores, con capacitación junto a la UOCRA y los Centros de Formación Profesional.

No se trata solamente de construir veredas, cordones cuneta o realizar trabajos de arbolado. Detrás de cada intervención existe una cadena económica: trabajadores que reciben un ingreso, comercios que venden materiales, proveedores locales que incrementan su actividad y familias que recuperan capacidad de consumo.

Es precisamente uno de los mecanismos que Keynes identificaba con el multiplicador del gasto: el dinero invertido por el Estado se convierte en ingreso para un trabajador, ese ingreso alimenta el consumo y el consumo genera movimiento en otros sectores de la economía. Una obra barrial puede tener una dimensión mucho mayor que sus metros cuadrados construidos.

La segunda política pública va más allá, pero responde a una lógica complementaria. La extensión de la Tarifa Neuquina a las cooperativas eléctricas de Neuquén capital, Plottier, Zapala y Cutral Co permitirá alcanzar a unos 250.000 usuarios residenciales con una bonificación del 30 % sobre los cargos fijos y variables de sus facturas.

Aquí la clave no es solamente generar actividad mediante la inversión pública, sino también mejorar el ingreso disponible de las familias reduciendo el costo de un servicio esencial. El dinero que un hogar deja de destinar a la electricidad puede conservarse para otros consumos, aliviar sus gastos o atender otras necesidades.

La comparación con Keynes no es al azar, las circunstancias son distintas y también lo son los instrumentos, pero existe una coincidencia conceptual: el Estado tiene responsabilidades en la generación de empleo, la sostenibilidad de la demanda y la distribución de las oportunidades económicas.

Keynes entendió que una economía no funciona solamente con capital acumulado, sino también con empleo, consumo e inversión. Neuquén tiene hoy la posibilidad de trasladar esa discusión a una escala provincial y con una fuente de recursos extraordinaria.

La riqueza que sale del subsuelo plantea una responsabilidad sobre la superficie. Y esa responsabilidad se mide en oportunidades de trabajo, obras que mejoran los barrios y servicios que las familias puedan pagar. 

La dimensión del desarrollo neuquino no estará dada solamente por cuánto gas y petróleo produzca, sino también por cuánto de esa riqueza logre convertirse en bienestar para el metro cuadrado de cada uno de los neuquinos.

 

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