2026-10-23

EDITORIAL

Vaca Muerta: el win-win ahora también incluye a la Provincia

Figueroa busca cambiar las reglas de juego: las empresas no están del todo convencidas, pero tienen mucho más para ganar que para perder. El Gobierno lo sabe y presiona progresivamente. El agua, la diversificación productiva y los proyectos bajo riego exponen una nueva discusión sobre quién se beneficia con los recursos neuquinos.

Por Leo Madeira.

Durante años, la relación entre Neuquén y las petroleras se construyó de forma desigual: había que generar las condiciones para que las empresas invirtieran, produjeran y expandieran sus operaciones. El vínculo siempre era el mismo. Sin inversiones no hay producción, sin producción no hay regalías y sin regalías se reduce una de las principales fuentes de ingresos de la provincia.

El asunto era que reiteradamente el equilibrio se inclinaba hacia el mismo lado. En la gestión anterior, el win-win terminaba siendo un buen negocio para las operadoras. La provincia aportaba sus recursos naturales, su territorio y sus condiciones productivas; las empresas desarrollaban sus negocios. 

Ahora esa disyuntiva ocupa otro lugar. La inversión privada sigue siendo clave, pero ya no alcanza con medir el éxito por los pozos perforados, los barriles extraídos o los dólares exportados. También hay que preguntarse cuánto valor agregado queda en Neuquén, qué nuevas actividades se ponen en marcha y cómo se aprovechan los recursos estratégicos.

El uso del agua en los yacimientos, es un ejemplo del cambio de la balanza de poder.

En junio de 2026, la Provincia ratificó mediante el decreto 792 una política destinada a promover la reutilización, la recirculación y el aprovechamiento eficiente del agua en las operaciones hidrocarburíferas no convencionales. La regulación elevó progresivamente el canon por el uso industrial del recurso y abrió la posibilidad de establecer condiciones diferenciales para proyectos que incorporen aprovechamientos productivos complementarios, buscando encontrar incentivos para que el agua se utilice de manera más eficiente.

Para Figueroa el agua no puede ser considerada solamente un insumo para la producción petrolera. Es un recurso estratégico de Neuquén y su utilización debe contribuir también a otros objetivos de desarrollo.

Por eso la discusión llega hasta el campo. La posibilidad de impulsar superficies bajo riego y proyectos agropecuarios, con cultivos como la alfalfa o pasturas entre otras alternativas, da una oportunidad que hace pocos años parecía ajena a la conversación sobre Vaca Muerta. La provincia también puede aprovechar su potencia energética para desarrollar actividades que generen empleo, diversifiquen las exportaciones y amplíen la base económica de su interior.

No se trata de enfrentar al campo con el petróleo ni de desconocer los costos de las empresas. Las petroleras advierten sobre la competitividad internacional y el peso de las regulaciones. Es una preocupación que debe analizarse con información técnica, previsibilidad y reglas claras. Pero la competitividad tampoco puede convertirse en una autorización para que el Estado provincial renuncie a defender el agua y sus objetivos de desarrollo.

Ese es el sentido de un nuevo win-win. Las empresas ganan cuando producen, exportan y obtienen rentabilidad. Neuquén gana cuando esa actividad también contribuye a desarrollar nuevas cadenas de valor, incorporar tecnología, crear empleos y aprovechar mejor sus recursos. 

La diferencia con el esquema que se cuestiona no consiste en dejar de atraer inversiones. Consiste en que la provincia ya no se conforme con ser el territorio donde se extrae la riqueza. Quiere participar de una transformación económica que alcance a más sectores y localidades.

Ahora el petróleo también debe financiar nuevas oportunidades agropecuarias, industriales y tecnológicas. Así la provincia habrá comenzado a convertir una riqueza limitada en el tiempo en capacidades productivas duraderas.

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