2026-05-29

SALUD

Día de la Doula 2026: acompañar el nacimiento, cuidar el vínculo

En el marco del Día de la Doula, la Tec. Puericultora y Doula Lali Zurzolo escribe sobre el rol y la importancia de visibilizar una forma de estar, de cuidar, de acompañar.

Mañana viernes celebramos el Día de la Doula, y más que una efeméride, es una oportunidad para visibilizar una forma de estar, de cuidar, de acompañar. Porque ser doula no es solo una profesión: es una práctica ética, sensible y profundamente humana. Es estar presente en uno de los momentos más trascendentales de la vida: el nacimiento.

Acompañar como doula es sostener sin invadir. Es ofrecer información basada en evidencia, pero también abrazar la incertidumbre, dándole lugar al miedo, cuidar el deseo. Es confiar en que cada mujer, cada persona gestante, sabe, aunque a veces lo olvide, cómo parir, cómo maternar, cómo habitar su cuerpo.

En un sistema que muchas veces fragmenta, acelera o silencia, la doula ofrece algo simple y poderoso: continuidad, una voz conocida, un rostro presente, un cuerpo disponible.

Evidencia que respalda el acompañamiento

Una revisión de 2017 publicada en la Cochrane Database of Systematic Reviews, que analizó más de 15.000 partos, concluyó que la presencia continua de apoyo, como el de una doula, se asocia con:

  • 25% menos de cesáreas
  • 31% menos de pedidos de analgesia epidural
  • 34% más de satisfacción con la experiencia del parto

Es importante destacar que etos datos no son solo estadísticas, son partos más respetados, decisiones más informadas, vínculos más cuidados.

El vínculo como medicina

Marshall Klaus y John Kennell, pediatras pioneros en el estudio del apego, revolucionaron la forma en que entendemos el vínculo madre-bebé. En los años 70, sus investigaciones sobre el “período sensitivo”, las primeras horas tras el nacimiento, demostraron que el contacto inmediato entre madre e hijo no solo fortalece el lazo emocional, sino que también mejora la estabilidad fisiológica del recién nacido, favorece la lactancia y reduce complicaciones médicas.

Ellos fueron también los primeros en estudiar el rol de las doulas, ya que en sus trabajos, observaron que la presencia de una figura de apoyo continuo durante el parto reducía la duración del trabajo de parto, disminuía la necesidad de intervenciones médicas y mejoraba la experiencia emocional de las madres. Su legado sigue vigente en cada sala de parto que habilita el contacto piel a piel, en cada institución que reconoce el valor del acompañamiento.

El entorno como parte del parto

Michel Odent, obstetra francés y referente mundial en parto respetado, propuso desde la maternidad de Pithiviers una mirada revolucionaria: el parto no es solo un evento médico, sino una experiencia emocional, hormonal y social. Su frase más citada, “Para cambiar el mundo, primero hay que cambiar la forma de nacer”, resume su visión.

Odent demostró que el entorno físico y emocional durante el parto influye directamente en la liberación de oxitocina, hormona clave para el vínculo, la lactancia y el bienestar. Alertó sobre los efectos negativos del exceso de luz, ruido, observación y control, que pueden inhibir el proceso fisiológico del nacimiento. Propuso salas cálidas, silenciosas, con agua, movimiento y respeto. Espacios donde el cuerpo pueda desplegar su saber sin interrupciones.

También fue uno de los primeros en hablar del rol de las doulas como guardianas del entorno emocional. Su trabajo inspiró a generaciones de profesionales a repensar el parto como un acontecimiento íntimo, no como un procedimiento.

También en el posparto: sostener lo invisible

El acompañamiento no termina con el nacimiento. En el posparto, la doula puede ser ese sostén que no juzga, que escucha, que ayuda a nombrar lo que duele y lo que cambia. Estudios muestran que las madres que cuentan con apoyo continuo tienen menos probabilidades de desarrollar depresión posparto y logran establecer vínculos más sólidos con sus bebés.

Porque maternar también es dudar, llorar, reconfigurarse. Y ahí también estamos: para acompañar sin imponer, para cuidar sin invadir.

Este Día de la Doula es una oportunidad para reconocer una tarea que transforma. Para defender el derecho a un nacimiento respetado. Para recordar que acompañar con respeto y empatía no es un gesto menor: es una forma de sembrar confianza, de cuidar la vida desde su comienzo.

Acompañar es un acto político, amoroso y profundamente humano. Y cuando se hace con presencia, deja huella.

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