SALUD
Cuando dar la teta no se siente bien
La lactancia suele estar rodeada de imágenes idealizadas: miradas dulces, conexión profunda, calma. Pero ¿qué pasa cuando amamantar no se siente bien? ¿qué ocurre cuando, en lugar de placer, aparece angustia, rechazo o tristeza? ¿qué hacemos con esas emociones que no encajan en el relato romántico de la maternidad?
En el consultorio, cada vez más mujeres se animan a nombrar lo que les pasa: “Siento rechazo cuando toma la teta”, “Me da una tristeza repentina al amamantar”, “Me da ansiedad, culpa, ganas de salir corriendo”. Y lejos de ser una rareza, estas vivencias tienen nombre, cuerpo y contexto.
D-MER: cuando la bajada de leche se acompaña de tristeza
El D-MER (Dysphoric Milk Ejection Reflex) es una respuesta neurofisiológica que afecta a algunas mujeres durante la eyección de leche. Se manifiesta como una sensación intensa de tristeza, ansiedad o irritabilidad justo en el momento en que comienza la bajada de leche. No es un rechazo al bebé ni a la lactancia, sino una reacción involuntaria vinculada a cambios en la dopamina.
Aunque aún poco difundido, el D-MER no es un trastorno mental ni una falla emocional. Es una respuesta corporal que hay que acompañar. Nombrarlo, entenderlo y darle lugar puede marcar la diferencia entre sostener la lactancia o abandonarla con culpa.
Agitación al amamantar: cuando el cuerpo pide distancia
La agitación al amamantar es otra experiencia que muchas madres viven en silencio. Suele aparecer en lactancias prolongadas, durante la lactancia en tándem o en momentos de estrés. Se describe como una sensación de irritación, incomodidad o necesidad urgente de que el bebé deje de succionar.
No es rechazo a su propio bebé. Es una señal del cuerpo que pide espacio, descanso, regulación. Y como todo en la lactancia, puede ser transitoria, cíclica o persistente. Lo importante es poder hablarlo, buscar redes de apoyo y tomar decisiones sin culpa.
Baby blues y depresión postparto: el posparto también se llora
Después del nacimiento, muchas mujeres atraviesan lo que se conoce como “baby blues”: una etapa de llanto fácil, sensibilidad extrema, cambios de humor y sensación de desborde. Afecta hasta el 80% de las madres y suele durar unos días o semanas.
Pero cuando esa tristeza se prolonga, se intensifica o interfiere con el vínculo y el cuidado, puede tratarse de una depresión postparto. Esta condición afecta entre el 10 y el 20% de las mujeres y requiere acompañamiento profesional. No es debilidad ni falta de amor. Es una respuesta legítima a un proceso intenso, hormonal, emocional y social.
Acompañar sin juzgar: dar lugar a lo que no se dice
Nombrar el D-MER, la agitación, el baby blues y la depresión postparto es abrir espacio a lo real. Es reconocer que la maternidad no siempre es dulce, que el cuerpo no siempre responde como esperamos, que el amor también se construye en la sombra.
Como puericultora y doula, acompaño estos procesos con escucha, respeto y redes. Porque no hay emociones prohibidas. Hay cuerpos que sienten, que necesitan expresarse, que necesitan descanso y contención.
Si estás transitando alguna de estas vivencias, no estás sola. Hay profesionales, grupos, espacios que pueden ayudarte a comprender lo que te pasa. Y sobre todo, hay una verdad que no debemos olvidar: maternar también es cuidar a quien cuida.