2025-10-24

COLUMNA

El llanto de los bebés: ¿debemos dejarlos llorar?

En esta oportunidad, la Doula y Puericultora Lali Zurzolo escribe sobre el llanto de los bebés y cómo accionar frente a él.

El primer año de vida de nuestros hijos es también nuestro primer año como madres y padres, atravesando una etapa de aprendizaje constante que transforma la dinámica familiar.

Como puericultora, observo que uno de los temas que más genera dudas y consejos no solicitados es el sueño infantil. Es común escuchar recomendaciones como: “Déjalo llorar, ya se acostumbrará” o “No le va a pasar nada si llora un poco”. Sin embargo, la evidencia científica nos invita a reflexionar sobre lo que realmente ocurre en el cuerpo y el cerebro del bebé cuando se le deja llorar.


El llanto como una forma de comunicación


Desde el nacimiento, el llanto es la principal herramienta de comunicación de los bebés. No cuentan con palabras para expresar hambre, incomodidad, dolor, miedo o necesidad de apego. Su llanto nos indica que necesitan algo y responde a una regulación fisiológica que les ayuda a crecer y desarrollarse. Ignorar su llanto no solo desconoce esta realidad, sino que también puede afectar negativamente su desarrollo emocional.


Los estudios en neurociencia infantil demuestran que responder al llanto de manera oportuna ayuda al bebé a sentirse seguro y comprendido, validando sus emociones y necesidades. Según investigaciones publicadas en Developmental Psychobiology, los bebés cuyo llanto es atendido consistentemente muestran una regulación emocional más efectiva en su infancia y adolescencia, mientras que los que son ignorados durante estos momentos presentan mayores niveles de estrés y dificultades en el desarrollo de relaciones de apego seguro.


El sueño infantil: un proceso evolutivo


Entender el sueño de los bebés también es crucial. A diferencia de los adultos, los bebés no han madurado completamente las fases del sueño y están aprendiendo, de manera gradual, a conciliarlo por sí mismos. Despertarse varias veces durante la noche es parte del desarrollo normal de su cerebro y tiene múltiples funciones:

  • Garantiza que se satisfagan sus necesidades básicas, como la alimentación.
    Permite que el bebé verifique la presencia de sus cuidadores, reforzando su sensación de seguridad.
  • Mantiene su cerebro activo, protegiéndolo de riesgos como la muerte súbita del lactante.

La evidencia científica, incluida en las guías de la Organización Mundial de la Salud (OMS) y UNICEF, señala que el sueño de los niños sanos es un proceso fisiológico que debe ser acompañado y no acelerado artificialmente con técnicas de “entrenamiento del sueño” que impliquen dejar llorar al bebé. Estudios revisados por la OMS han advertido que el estrés crónico inducido por estas prácticas puede elevar los niveles de cortisol en el cerebro en desarrollo, afectando la memoria, el aprendizaje y la capacidad de regular emociones.


El impacto del estrés en el cerebro del bebé


Cuando un bebé llora sin recibir consuelo, su cuerpo libera hormonas del estrés como el cortisol y las catecolaminas. Según investigaciones publicadas en Frontiers in Neuroscience, estos niveles elevados de cortisol son neurotóxicos y pueden dañar estructuras clave del cerebro, como el hipocampo, responsable de la memoria y el aprendizaje. Además, el estrés crónico debilita el sistema inmunológico del bebé, aumentando su vulnerabilidad frente a enfermedades.
El llanto desatendido no es simplemente una expresión emocional; tiene efectos biológicos reales que comprometen el bienestar presente y futuro del niño. Por eso, acompañar a los bebés en sus despertares nocturnos, consolándolos y ofreciéndoles seguridad, no es solo un acto de amor, sino también una inversión en su salud y desarrollo.


Acompañar el sueño con empatía


Entiendo que la falta de descanso puede ser abrumadora para las familias. Como puericultora, siempre les recuerdo que la adaptación a esta nueva etapa lleva tiempo. Nuestro cuerpo también se ajusta, gracias a mecanismos fisiológicos como la liberación de oxitocina, que refuerzan la conexión con nuestros bebés y nos ayudan a sobrellevar el cansancio.
Si las dificultades para dormir persisten o generan preocupación, es importante buscar apoyo. Consultar con pediatras o puericultoras especializadas en crianza y sueño infantil puede brindar herramientas prácticas para mejorar las rutinas y aliviar el estrés de la familia.

El llanto de los bebés no es un simple ruido que interrumpe nuestras noches, sino una señal que nos invita a actuar con empatía y sensibilidad. Responder a estas llamadas no solo fortalece el vínculo afectivo entre los padres y el bebé, sino que también promueve su desarrollo saludable. Como mencionó Rosa Jové en su libro Dormir sin lágrimas, “Los bebés no necesitan aprender a dormir, necesitan aprender a sentirse acompañados”.


Les propongo que, en lugar de buscar soluciones rápidas para que los bebés duerman toda la noche, reflexionemos sobre cómo podemos acompañarlos en este proceso natural, validando sus emociones y necesidades. Escuchar, abrazar y consolar es siempre el mejor camino.

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