2025-07-23

Berrinches y llanto en los niños: entendiéndolos desde la ciencia y el amor

En esta oportunidad, la Doula y Puericultora Lali Zurzolo escribe sobre berrinches y llanto en los primeros años de vida de los niños.

Los primeros años de vida de nuestros hijos son también nuestros primeros años como padres. En este tiempo, enfrentamos nuevos desafíos y aprendemos junto a ellos, mientras atravesamos un puerperio latente que nos transforma profundamente. Cada etapa de crecimiento que transitan nuestros hijos está regulada por procesos evolutivos y fisiológicos naturales. Sin embargo, entre las consultas más frecuentes de las familias surgen temas como "los berrinches", "los gritos" y el descanso. Estos eventos suelen vivirse con angustias y culpas, intensificadas por la mirada social hacia el accionar de los padres. Comentarios como "déjalo llorar", "no le va a pasar nada" o "lo hace de caprichoso" pueden confundir y generar aún más incertidumbre. ¿Qué nos dice la ciencia sobre estos temas tan cotidianos?

El llanto: mucho más que "hacer caprichos"

Los bebés lloran por múltiples razones: hambre, molestia, miedo, dolor o necesidad de apego. Este llanto no es un acto deliberado de manipulación, sino una herramienta vital de comunicación en los primeros años. La neurociencia nos muestra que responder al llanto del bebé tiene impactos profundos y duraderos en su desarrollo. Ignorar el llanto genera estrés prolongado, que activa la liberación de cortisol, una hormona que, en exceso, tiene efectos neurotóxicos. Este estrés puede alterar el sistema de respuesta del cerebro, haciendo que el niño desarrolle una hipersensibilidad al entorno y mayor predisposición a trastornos de ansiedad.

El estrés crónico también afecta el hipocampo, clave para la memoria, y la amígdala, responsable de procesar emociones. Según investigaciones, una infancia marcada por altos niveles de estrés puede predisponer al niño a problemas emocionales y de salud física en la adultez. En cambio, validar su llanto y ofrecer consuelo ayuda a fortalecer el vínculo de apego y favorece el desarrollo de redes neuronales saludables.

El cerebro infantil: una etapa de plasticidad única

Durante los primeros años de vida, el cerebro infantil experimenta un desarrollo acelerado y una plasticidad extraordinaria. Se estima que al nacer, el cerebro tiene aproximadamente 100 mil millones de neuronas, pero las conexiones entre ellas, llamadas sinapsis, se multiplican rápidamente en los primeros años. Este proceso de formación de sinapsis es crucial para el aprendizaje, el desarrollo emocional y la adaptación al entorno.

La neurociencia del desarrollo destaca que las experiencias tempranas, como el contacto físico, la validación emocional y el entorno seguro, moldean estas conexiones neuronales. Por ejemplo, cuando un bebé es consolado durante el llanto, se activan circuitos cerebrales que fortalecen su capacidad de autorregulación emocional. Por el contrario, la falta de respuesta puede generar circuitos asociados al estrés y la inseguridad.

El sueño: un proceso evolutivo que nos invita a acompañar

El descanso infantil suele ser una fuente de preocupación para las familias. Es necesario comprender que el sueño, al igual que el control de esfínteres, es un proceso evolutivo que requiere tiempo y aprendizaje. Estudios demuestran que los despertares nocturnos son normales hasta los 3-4 años y cumplen funciones esenciales: permiten la regulación térmica, aseguran la presencia de un cuidador y mantienen el cerebro activo, previniendo la apnea del sueño y la muerte súbita. Además, estos despertares están vinculados al desarrollo inmunológico, la consolidación de la memoria y el aprendizaje.

Es importante recordar que los bebés no tienen la capacidad de conciliar el sueño por sí solos de inmediato. Acompañarlos en este proceso sin culpas y con empatía favorece tanto su desarrollo fisiológico como emocional. La ciencia enfatiza que los despertares no deben ser vistos como un problema, sino como una etapa natural de su maduración.

Los berrinches y la maduración cerebral

Entre el año y los tres años, los niños experimentan momentos de frustración y enojo que se manifiestan como berrinches. Esto no es más que una expresión de emociones que aún no saben canalizar. La neurociencia nos explica que el córtex prefrontal, responsable de la regulación emocional, está en plena construcción y no estará completamente desarrollado hasta los 20 años. Mientras tanto, el sistema límbico es el protagonista de estas manifestaciones.

¿Qué podemos hacer como padres? En lugar de combatir los berrinches, es crucial acompañarlos desde la empatía. Validar sus emociones, evitar gritos o amenazas, establecer límites claros y permanecer cerca mientras atraviesan estos momentos ayuda a construir vínculos seguros. Estos vínculos son fundamentales para que los niños desarrollen herramientas emocionales maduras en el futuro.

Reflexión y acción

Criar desde la empatía y el respeto no es tarea sencilla. Factores como el estrés diario, las miradas ajenas y nuestras propias vivencias infantiles pueden influir en nuestras respuestas como padres. Sin embargo, en los momentos más desafiantes, hagamos el esfuerzo por ser esa figura cálida, presente y comprensiva que nuestros hijos necesitan. Si sentimos que estamos desbordados o que nuestras herramientas no son suficientes, busquemos ayuda profesional. Psicólogos, pediatras y puericultoras están para acompañarnos en este proceso.

Recordemos que la crianza no solo impacta a los niños, sino también a nosotros como padres. Lo que sucede en casa y cómo nos sentimos merece atención y cuidado. La ciencia y el amor son nuestros aliados para construir un entorno saludable y lleno de respeto para toda la familia.

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